Día 2 en el exilio

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Bueno, pues ya está. Ya tengo piso, ya lo he limpiado hasta la náusea (provocada por los vapores de lejía y por la sensación de que el piso no estaba tan limpio como parecía a simple vista), ya he comprado toda clase de cosas para poder sobrevivir mientras completo el ajuar... También he firmado el contrato al que tenía derecho desde el diez de enero... Non era sen tempo... Y ahora escribo desde ese nuevo piso inmaculado y ligeramente tóxico (sí, quizá me haya pasado un pelín con la lejía) robando la red wifi de un restaurante vecino. Según un compañero de trabajo esa red lleva años abierta, así que a priori tengo conexión a internet gratuita. Es un consuelo, porque la tele ya da asco si tienes 40 canales para elegir, pero cuando tienes 5... y la verdad es que necesito pensar lo justito.

Estoy físicamente agotada (¡¡estoy harta de tanto frotar!!) pero mi cabeza da vueltas y vueltas. Ayer venía en el coche y miraba a los demás coches y pensaba... ¿Cuántas de esas personas están abandonando su vida para comenzar en un nuevo lugar? ¿cuántos han hecho este "camino" que yo inicio ahora? ¿cuántos vuelven a casa después de varios días alejados de la gente que les importa? Trato de no pensar mucho en ello, de pensar que miles de personas se han visto en esta clase de situación, y que tengo la incalculable suerte de poder pensar "son sólo cuatro días para volver". Aunque sepa que luego hay que irse de nuevo...

Lo curioso de todo esto es que de repente pienso en toda la gente que me rodea o me ha rodeado y se ha visto en situaciones parecidas, aunque todas me parezcan muchísimo peores. Desearía, por ejemplo, tener un recuerdo claro de la época en que mi padre se vio obligado a marcharse a Madrid, dejandonos a las cuatro aquí... Recuerdo los peores momentos de un antiguo novio, alejado por miles de kilómetros de su familia y amigos. Este pequeño drama que se empeña en hacer que me sienta triste (aunque ilusionada por volver al trabajo, perdida por no conocer a nadie...) parece tan insignificante....

 En fin, que aquí estoy, cansada, con mal de ausencias, pero empezando a tener la sensación de que seré capaz de habituarme a todo esto... aunque no sea muy a gusto... y aunque el miedo a la soledad, tan antiguo como yo misma, me aceche en las esquinas... Ya os contaré cómo va avanzando la cosa, pero quería dar señales de vida... Un saludo para todos los que todavía asomais la cabecita por aquí de vez en cuando, prometo escribir más a menudo, y contaros cosas de esta ciudad de gente abierta y amable.

PD: Os preguntareis qué es eso que decora mi artículo, pues lo creais o no eso son pendones, enseñas medievales que sirven como representación de los pueblos de la zona (y sus parroquias). Las hay de dos o tres metros (mástil incluido), y las hay de más de 12, y el próximo lunes un centenar de ellas (una por cada año que este lugar lleva reconocido como ciudad, por cada año que la ciudad ha estado ofrecida a la virgen de la Encina) escoltarán una imagen de la virgen por las calles de Ponferrada... es una de las primeras cosas que he descubierto de esta ciudad, trozos de tela de colores tratados como reliquias y paseando por una ciudad... imagino que verlas en su medio, cuando van por el monte en procesiones, debe ser un buen espectáculo, en medio de los árboles tratar de mantener recta esa mole no debe ser fácil... En cualquier caso, ya los veré en otra ocasión, sin vírgenes de por medio, este puente me va a sentar de miedo.

02/09/2008 23:27 Autor: Alecto. ####. Tema: Crónicas.

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