Esclavitud moderna

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Supongo que más de uno, si es que alguien sigue viniendo por aquí, me hará ya en Ponferrada, y achacará mi silencio a la falta de conexión a internet... Nada más lejos de la realidad, ni me he ido, ni sé cuándo me iré, aunque puede que las próximas navidades me pillen todavía esperando... la razón, aparte de lo poco que tengo que contar, la tienen como siempre ese par de viejos que eligen mis etapas de inactividad para pasar una temporada en el hospital... Creo que ya os he hablado de ellos, esa tía abuela que manipulaba a quienes la rodean por medio de las enfermedades... hasta que hace justito un año se puso enferma de verdad... Y ese marido que duda entre la sensación de que no puede con la responsabilidad de cuidarla y sus propia vejez imparable.

Ella ha vuelto, justo un año después de una operación a corazón abierto que hoy tacharía de encarnizamiento médico, a instalarse en un hospital. Van ya 5 meses en un año instalada en esas habitaciones de forma alterna... Esta vez no era el cuerpo, sino su cabeza, la que preocupaba a los médicos. En menos de un mes pasó de una lucidez casi continua a no reconocer a nadie, a confundirme con cualquiera, su hermana, su madre, su sobrina (mi madre)... y a confundir incluso a ese viejito que la acompaña desde hace la friolera de 56 años. Cambiaba de edad, lugar y compañía con un solo parpadeo, y puestos a olvidar, olvidó como se camina, como se viste uno...

El mismo día que ella comenzaba a recuperarse de lo que le provocaba esta locura (que algunos creímos que no se iría), una enfermera envió a su marido, el que pasa cada día más de doce horas pegado a su cama, a las urgencias del mismo hospital. Una crisis nerviosa, demasiada tensión.... nadie le dio importancia. Dos días después volvió a entrar de nuevo en aquellas salas, pero esta vez con un motivo claro. Su corazón ha perdido el ritmo pausado con el que ha llegado a cumplir (casi, casi casi) los 84 años sin haber ingresado nunca en un hospital, ni haber recibido más medicamento que algún antibiótico.... Lleva 30 años creyendo que su mujer se muere, dándolo todo como si fueran ciertas todas las mentiras de esa arpía, y ahora que de verdad se acerca el momento, que el tiempo que les queda a cualquiera de los dos se cuenta en meses, un año... ahora ya no le quedan fuerzas para tirar adelante... Tendrá que cuidarse, y no lo hará, tendrá que vivir para él, pero no aprenderá a estas alturas... aunque después evada toda responsabilidad o esfuerzo por cuidarla... No sabe vivir sin ella, aunque ella lo esté matando después de 56 años juntos y solos...

También estos días vivo bastante de cerca otro caso, otra pareja anciana, aunque no tanto... El está enfermo, es dependiente, y para ella es un estorbo. Le hace la vida imposible, al tiempo que pone obstáculos para que lleguen las ayudas sociales... ¿quién lo entiende? Le ha puesto ya varias denuncias de maltrato para librarse de él, y aunque nadie las crea, cada vez los agentes van hasta la casa para interrogar al hombre, que allí, desde su silla, casi inmóvil, escucha las preguntas y no sabe o no entiende lo que está sucediendo. Ellos no han vivido tantos años juntos, ni han estado solos, tienen familia, pero poco a poco, han quedado el uno con el otro. El se queja de que le pega y no lo saca de paseo en la silla, ella dice que es insoportable, pero impide que la asistenta social se lo lleve a una residencia. No pueden vivir el uno con el otro, pero probablemente no sepan vivir sin esa persona que los ha acompañado durante tanto tiempo.

Veo estas dos relaciones de esclavitud y dependencia seniles y me doy cuenta de que ése es el camino de una pareja más cercana y algo más joven. El patrón se crea en la juventud, en los años de matrimonio, al criar a los hijos... Uno grita y el otro asiente, uno humilla e insulta, y el otro baja las orejas y sigue aguantando, uno trata al otro como basura, e inexplicablemente el otro saca el carácter sólo cuando tratan de abrirle los ojos... No es amor, ni adoración ciega, ni cariño, es dependencia, esclavitud legal basada en la gran arma de esta raza de mujeres: la manipulación, el victimismo, el chantaje psicológico. Son sus marionetas. Y ahora tienen una nueva arma. En dos de los casos esas mujeres han utilizado las normas que debieran proteger a sus víctimas para hundirlas un poco más, en dos de los casos el verdugo ha acusado a la víctima de maltrato. Uno se resolvió sin jueces de por medio, porque nadie la creía, pero el otro pasará el martes por un juzgado...

Puede que la mujer sea el sexo débil, pero algunas llevan muchos años (unos 80) usando sus armas de ser débil e inferior para someter al "fuerte". Ahora además tienen armas nuevas que las protegen y amparan para perpetuar el maltrato al que han sometido a sus supuestos verdugos... Con la tranquilidad de que sus víctimas ni siquiera se reconocerán en mi descripción... Y yo, observando, atendiendo a una arpía y su esclavo, animando a quien hace lo propio con los suyos, mirando quedamente a mi alrededor, y dudando... ¿Irá en los genes toda esa crueldad?

23/03/2008 01:33

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El mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...

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