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El don de la oportunidad
Paredes blancas, olor a medicina, camas metálicas... Los hospitales son un lugar desagradable para la mayoría de la gente, pero como ya os dije alguna vez, en mi familia hay quien los adora, por la atención continua que suponen, y la ociosidad que se me supone en este momento me ha sumergido en uno de ellos. Y aquí estoy, con ganas de matar a alguien tras pelear durante varios días con las mentiras, exageraciones y órdenes de dos señores con los que me une sólo un innato rechazo a abandonar a quienes pueden necesitarnos...
Todo esto, en medio de una guerra familiar... ¿Por qué? Desde diversos puntos vuelan preguntas y despechos, choques de egoísmos que acaban en mis oídos, del tipo ¿Vale la pena preocuparse por gente
... (... sigue)Tic, tac, tic, tac
Esperar. eso es todo lo que puedo hacer en este momento, y la sensación de que no puedo hacer nada para acelerar el tiempo me resulta incómoda.
Hoy, mañana, quizá pasado mañana o la semana que viene (no hay que confiar en la formalidad de quien dice aquello de "a mediados de la semana que viene tendrás una respuesta) sonará el teléfono (o no) y me dirán aquello de siga buscando (esa pegatina odiosa de los chicles de fresa de la barbie...). O bien me ofrecerán un trabajo que cumple tres requisitos que de alguna manera me había marcado: que el medio o empresa tenga relevancia o prestigio, que el sueldo llegue a los cuatro dígitos y que no me obligue a mudarme.
No puedo saber qué pasará, así que tengo que quemar el tiempo hasta que el teléfono suene... Y
... (... sigue)