Y llegó el llanto
Hace hoy 56 días estaba en la sala de urgencias de un hospital esperando, como tantos, saber algo de una familiar. De tanto como dijo que venía el lobo, finalmente decidió llegar, y a su lado no quedaba nadie...más que yo y alguna pringada más. Desde entonces, durante todo este tiempo, he peleado unas 10 horas al día (muchas veces más) con una persona que sólo quiere mejorar si para ello no hay que hacer el menor esfuerzo, al tiempo que soportaba a un hombre, su marido, que se empeña en ponerla por inútil y discute y pone trabas en cuanto (con consentimiento y ánimos del médico, claro) tratas de que se mueva, coma sola y esas cosas que le dan una cierta independencia a cualquier ser humano.
Durante todos esos días, me han pasado por la cabeza toda clase de barbaridades sobre quienes no quieren hacerse cargo de esta responsabilidad que no es mía. He pensado toda clase de barbaridades sobre los deseos de este hombre de que su propia mujer se muera. Y no es hipérbole. He visto infinidad de gestos y comportamientos en los que se deja claro que lo único que quiere es librarse de ella. La he visto entrar al quirófano a jugarse la vida, y pelear por quedarse en este mundo mientras el sonreía, creyendo que era el final... Apreté los dientes y seguí adelante, porque a pesar de todo él era mi única ayuda.
Y llegaron, al fin ("aventando a morte") los refuerzos. Y seguí allí, y sonreí mientras ponía el tenedor en su mano y lo veía viajar a la frente, el pecho, las mejillas...y finalmente (días van....) hasta la boca. La vi mover sus manos de nuevo, levantar un brazo, el otro, un pie, otro pie, volver a sentarse, decir sinsentidos y horas después cosas razonables, y hoy, ponerse en pie con las piernas temblando... He visto la decepción en la cara de este hombre a cada paso, y aún me negué a creer a mis ojos.
Hoy la dejé a su cargo 20 minutos, y él salió en cuanto me fui, como si nada se le perdiera en aquel cuarto. Cuando volví, ella estaba a unos centímetros de partirse la cabeza contra el suelo, y el comía tranquilamente en otra punta del hospital. Y una vez más, me encargué de ella, hablé con las enfermeras para evitar que se repita, lo busqué, le pregunté como a un niño si sabía lo que hacía, traté de razonar, me cabreé... Cuando al fin salí de aquel lugar, se me inundaron los ojos de todas las lágrimas que me he tragado durante 56 días mientras escuchaba por todas partes aquello de "e o pobre do home, todo o día aquí..." "e o pobriño está tan preocupado".... Porque estoy anímica y físicamente cansada de discutir, pelear, insistir (come, mueve la pierna, tú vete a casa a descansar, y come también.... ) y me he peleado con media familia, y no tengo fuerzas para continuar. He aparcado mi vida por alguien que jamás recuperará su vida, porque no puede volver a su casa con su única familia y compañero, porque a él le estorba ese ser necesitado de ayuda y molesto en que se ha convertido... ¿De qué sirve toda esta mejora, todo ese trabajo? ¿Qué coño hacemos ahora?
