Tic, tac, tic, tac
Esperar. eso es todo lo que puedo hacer en este momento, y la sensación de que no puedo hacer nada para acelerar el tiempo me resulta incómoda.
Hoy, mañana, quizá pasado mañana o la semana que viene (no hay que confiar en la formalidad de quien dice aquello de "a mediados de la semana que viene tendrás una respuesta) sonará el teléfono (o no) y me dirán aquello de siga buscando (esa pegatina odiosa de los chicles de fresa de la barbie...). O bien me ofrecerán un trabajo que cumple tres requisitos que de alguna manera me había marcado: que el medio o empresa tenga relevancia o prestigio, que el sueldo llegue a los cuatro dígitos y que no me obligue a mudarme.
No puedo saber qué pasará, así que tengo que quemar el tiempo hasta que el teléfono suene... Y a eso me dedico... Siguiendo con la línea de los últimos seis meses (con un paréntesis para visitas a varias personas en varios hospitales, una larguísima espera por lo inevitable y un entierro), estoy con la tercera o cuarta limpieza general. Además acumulo recados de la familia, duermo lo que puedo (hoy ha sido poco) y trago tele...
Aunque hoy me han presentado un dilema... ¿Me mantego fiel a mi querido House (lo mejor, puede que lo único bueno de toda la televisión) o veo como un centenar de personas hacen un trabajo que debería hacer gente de mi profesión? Imaginad por un momento que esta noche todo sale de maravilla y las preguntas son incisivas e interesantes, para variar... ¿Donde quedamos nosotros? Siempre nos quedará aquello de "en realidad seguro que las preguntas han sido dirigidas o editadas...." Magro consuelo...
