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El don de la oportunidadParedes blancas, olor a medicina, camas metálicas... Los hospitales son un lugar desagradable para la mayoría de la gente, pero como ya os dije alguna vez, en mi familia hay quien los adora, por la atención continua que suponen, y la ociosidad que se me supone en este momento me ha sumergido en uno de ellos. Y aquí estoy, con ganas de matar a alguien tras pelear durante varios días con las mentiras, exageraciones y órdenes de dos señores con los que me une sólo un innato rechazo a abandonar a quienes pueden necesitarnos... Todo esto, en medio de una guerra familiar... ¿Por qué? Desde diversos puntos vuelan preguntas y despechos, choques de egoísmos que acaban en mis oídos, del tipo ¿Vale la pena preocuparse por gente que arma maquinaciones imposibles para que dejes toda tu vida y corras tras de ellos? ¿Correr tras de ellos no es ceder a su chantaje? -Una duda que hace que me plantee todo lo que he dicho y pensado sobre el caso De Juana-. ¿Y si un día finalmente sí viene el lobo y nos pilla mirando a otro lado de puro hastío y cansancio? ¿Aparco mi vida para revolotear a su alrededor como desean, a pesar de que luego no vayan a dejarse cuidar, por miedo a que esta sea la hora de la llegada del lobo? Y mientras, se me acumula en la sangre el veneno al ver que cuentan a otros miembros de la familia cosas que yo sé que son mentira, al oir que se dirigen a mi y a alguna más como si fueramos sus esclavas o sus criadas, dando por supuesto que estamos aquí para cumplir sus caprichos, obedecerlos y atenderlos servicialmente... Y la bilis se agolpa en el estómago al ver que en esta guerra la que está sacrificando su tiempo para evitárselo a los demás, yo, acaba recibiendo también alguna estocada, en lugar de las gracias. Al menos eso, las gracias. Pero no llegan, y hoy me han dado ganas de mandarlo todo al carajo, porque no es mi responsabilidad, no es mi trabajo, no me corresponde tragar toda esta mierda.... Pero suena el teléfono, y se enciende una esperanza, una puertecita pequeñita al optimismo... Y se me funde la mala sangre, y una vez más, por eso que llaman el bien común y que nadie me va a reconocer, respiro despacio, y utilizo toda esta mala sangre para hacer de mediadora en el conflicto y recordar a esta familia de psiquiátrico que el enemigo está ahí, en la cama de un hospital, y no entre nosotros. Porque hagamos lo que hagamos tenemos que estar juntos en esto, y su estrategia de divide y vencerás no puede calarnos. Porque son hijos de una época y una educación, y son lo que nosotros, también, hemos hecho de ellos, y el abandono no es una opción.... 08/03/2007 19:39 Comentarios » Ir a formulario |
AlectoEl mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...
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