El saludo
Viene el ministro de administraciones públicas a nuestros estudios, y una, falta de reflejos, lo saluda como a un visitante más.
Lo miro, y veo a ese señor con el que me cruzo los veranos en el vecindario, e incluso en el super, y se me antoja excesivo acercarme a saludar con toda la ceremonia.
El gesto no debe haber quedado del todo bien, pero a veces cuesta ver a quienes ostentan el poder como lo que son, cuando estamos acostumbrados a hacer un gesto vago de saludo al encontrarlo paseando por la ciudad, o por el pueblo cercano en que veranea.
Me anoto una falta en la libreta de notas, y sigo sumergiéndome en las fiestas y la geografía de este país sorprendente, sin ser del todo consciente de lo sucedido.
