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Juguetes Rotos![]() Adrián y Darío son de esos, pocos, niños que no lo tienen todo. Viven en una casa en que todo es modesto, y hace un par de años tuvieron la desgracia de aprender que aprendieron que si mamá no trabaja no deben pedir cosas, y que hay que apartarse y dejar paso libre a la abuela cuando trastean en el pasillo, porque no puede verlos, aunque diga que si. Son de esos, pocos, niños, que cuando les duelen los dedos porque el zapato es pequeño, labran un agujero para liberarlos, o callan y esperan a navidades, cumpleaños y otras fiestas para decirlo. En la eira de la casa de aldea en la que viven se acumulan los restos fúnebres de los juegos y juguetes que han ido recibiendo en los últimos años. La euforia se mantiene alrededor de casi cualquier cosa, hasta que lo desarman, siguiendo una antiquísima tradición familiar. El mono degollado, el camión que no rueda, las piezas de un juego de palas... Incluso una pelota de cadena cien que algún barçista les regaló para abrir un cisma en la familia, mayoritariamente madridista o deportivista. Sus mejores juegos siguen siendo los mismos: la báscula de grano del abuelo (siempre odiosamente exacta), que sirve de balancín, el chinchorro que trajeron de Colombia los padrinos, columpio improvisado, perro, gatos variados a los que estudiar de lejos, por lo fiero, y una pelota. No es una pelota cualquiera, es un balón naranja de balonmano que hace años, con mis hermanas, desenterramos de unas cajas olvidadas en un desván de otra casa, de otros abuelos. Un balón que jugó en su vida al brilé, al futbol y hasta al tenis. Que fue juguete prodigioso y envididado de gente que hoy tiene cincuenta años, despues de cruzar el charco en paquetes de emigrante. Ha sobrevivido inerme a tres generaciones, y en las tres, milagrosamente, surtió el mismo hechizo. La clave, sin duda, de esos juguetes, a diferencia de los que yacen rotos junto al arado romano, es que son aquello que ellos desean, con la sola intervención de la imaginación. 12/06/2006 17:46 Comentarios » Ir a formulario |
AlectoEl mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...
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