Post-vacacional

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He estado (hablo ya casi en pasado, quedan cuatro horas) 18 días en un lugar a miles de kilómetros de mi casa. Un lugar en que el tiempo parece haberse adaptado a la tranquilidad de la gente y del clima, de forma que los días parecen durar 36 horas. Quizá porque comienzan hacia las 5 de la mañana, y no parecen terminar. No hay fines de semana ni festivos para los comercios. El café se llama "tinto". Un país en que el precio del cemento provoca crisis económicas, y el clasismo es tan grave que está institucionalizado: la ciudad y sus habitantes se dividen en estratos, desde los subnormales al 6 o el 10, y del estrato dependen sus servicios, y las facturas de estos. Un lugar, en fin, muy muy diferente, pero con parajes paradisíacos y más de 35 grados en enero. Así que he pensado que me iba a dar cierto síndrome post-vacacional, o frío, o algo, y he decidido llevarme conmigo algo del colorido de este increible país, en que el hambre agudiza el ingenio, y cada remota necesidad tiene a decenas de personas dispuestas a cubrirla por unos pesos. Un lugar, en que por cierto con calles y playas llenas hasta los topes de negritos que corren y se ríen por todas partes, a pesar de que trabajan buena parte de la jornada... Supongo que el ruidito de las cuentas servirá para hacerme sentir un poco más allá cuando el frío arrecie los primeros días...

23/01/2006 04:31

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El mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...

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