Madrugar
Hoy el día ha comenzado a la carrera, y no he podido ver tu sonrisa de dormido, el labio inferior hinchado y jugoso, como cada mañana. He rozado uno de tus hombros calientes y suaves con un beso fugaz, y eso ha sido todo.
Me ha fallado el oido, o un despertador. Ese que pongo para estar semiinconsciente durante 15 minutos sintiendo tu espalda, la piel suavísima de tu cadera, tu vientre de hembra acogedor, tu respiración relajada...
No he podido pegarme a ti para sentir que no, esta vez no toca levantarse. Y me he quedado sin el tacto de tu piel en las manos, sin tu sabor en los labios. Ni siquiera he podido tenerte envidia al verte entre las sábanas cuando salgo por la puerta, arrebujado, calentito, suave y tierno...
Odio madrugar
Me ha fallado el oido, o un despertador. Ese que pongo para estar semiinconsciente durante 15 minutos sintiendo tu espalda, la piel suavísima de tu cadera, tu vientre de hembra acogedor, tu respiración relajada...
No he podido pegarme a ti para sentir que no, esta vez no toca levantarse. Y me he quedado sin el tacto de tu piel en las manos, sin tu sabor en los labios. Ni siquiera he podido tenerte envidia al verte entre las sábanas cuando salgo por la puerta, arrebujado, calentito, suave y tierno...
Odio madrugar
