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Emilio Perez Touriño Alias, torito.Su personalidad se ajusta más a lo que suele llamarse un tecnócrata que a la de un líder carismático. A sus “cualidades” como gestor se debe su paso por los gobiernos de Felipe González, donde ocupó el cargo de secretario general de infraestructuras del ministerio de Obras públicas. Emilio Pérez Touriño, de 56 años, no suele levantar la voz, y su hablar moderado, pausadísimo, didáctico, y cargado de sinónimos resulta un tanto extraño en el panorama político gallego, dominado por oradores un tanto más vehementes, como Manuel Fraga, Xosé Manuel Beiras, o Francisco Vázquez, su (inexplicablemente) influyente compañero de partido. Lo cierto es que Vázquez, con toda su aura, había dejado al PSdeG en mínimos históricos, cuando el grisáceo Torito tomó el relevo, en 1997. En las primeras elecciones con Touriño como candidato, en 2001, el partido pasó de 13 a 17 diputados, y todos los sondeos le auguran ahora una nueva subida, quizá relacionada con su continua apelación al voto joven. Fue quizá un guiño a este colectivo lo que hizo que hace 5 años se afeitase el bigote, el más espectacular cambio de imagen desde que Fraga descubrió los liftings de Photoshop. En su favor, aunque Magdalena Álvarez se empeñe en desmentirlo, juega la presencia de los socialistas en el gobierno central. En su contra, su aspecto gris, sus discursos plagados de frases hechas que no terminan de dar la sensación de que tiene algo que vender. También, y sobre todo, la evidencia palpable y escuchable de que Touriño no tiene el control de su partido, y es incapaz de obligar a quienes han sido elegidos bajo un programa a defenderlo. Como vivo, vociferante y celebrado ejemplo (celebrado por los populares) Francisco Vázquez: votó contra el aborto, votará contra las bodas homosexuales, venderá miles de hectáreas de suelo público en la fachada marítima a constructoras e inmobiliarias y un largo etcétera. ¿Puede esperar el votante que alguien defienda y lleve a cabo las propuestas de ese programa? Comentarios » Ir a formulario |
AlectoEl mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...
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