Eres el único Dios en el que creo. Tus labios, mi texto más sagrado. Tu cuerpo, el pan de cada día. Tus manos son la túnica sagrada con que me vestiría.
El mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...