Sobrevivir a una madre neurótica

Llegas a casa. Hace 13 horas que te fuiste. Tienes hambre, te duelen los pies, lo echas de menos y estás hecha polvo. Pues eso, que saludas a la family con la mejor cara y tal, lo justo para evitar desfallecer en el sofá de inmediato ¿no? Primera sorpresa, ella no está. Son más de las 10 de la noche y la cocina, el salón, la salita, no están ni lo bastante revueltos ni lo bastante impecables: definitivamente no está. Pasas por la sala. ¿Te ha llamado alguien de casa hacia las 8? Ellos (tu padre y tu hermana) no han sido, se han ido a dar una vuelta mientras ella veía el dichoso partido de la selección. ¿A qué hora terminó el partido? Sobre las 8 ...

Decides ir a ponerte cómoda… En la habitación, no hay un solo objeto sobre la mesita, la cómoda, el suelo… La orla que dormía el sueño de los justos tras una estantería aparece colgada sobre tu cama. La rosa que pusiste a secar hace un milenio en la percha tras la puerta se ha acomodado por obra y gracia del espíritu santo sobre el marco del engendro, digo, la orla. Un cinturón que dormitaba en el tercer cajón de tu mesita se ha convertido en improvisada sujeción para las cortinas. Los armarios y cajones están cerrados. Los cables del ordenador aparecen sobre la cómoda que hace las veces de escritorio. Alguien ha ordenado el inescrutable cajón de tus bragas... Evidentemente, ha vuelto.

Te haces algo de cenar. Estás terminando y aparece por la puerta. No responde al saludo. Trae dos bolsas del Carrefour en las manos. Comienza a moverse frenéticamente por la cocina como si tuviera que hacer algo. Sólo ella y mi padre no han cenado. Hay una enorme fuente de ensalada en la nevera, pero se pone a lavar lechuga. Comienza a hablar, pones el automático, y sigues leyendo. Sí, ahá, vaya, si? Ahá, m-m...

En un instante de lucidez captas algo de tender la ropa. Si sube a tus dominios no la echarás hasta las 2 de la mañana. Te vas corriendo a hacerlo, y desapareces. Tarde o temprano tendrá que explicar su berrinche de niña vieja.

Cuando se cansa de hacer ruido con todo lo que encuentra por toda la casa para atraer la atención y que él vaya detrás a ver qué pasa, se va hacia la salita. Que por qué se fue de paseo con su hija -a la que hace 7 meses que no ve- en lugar de sentarse en el sofá a ver un partido que le da por saco. “No he cruzado 12 mil Km. para estar encerrado viendo la tele.” Alguien ha agotado el vaso dela paciencia... ...

Como todo tiene ventajas en esta vida, a Iria ya no le parece tan mala idea haberse hecho una cuenta vivienda. ¿Y qué si su sueldo dentro de 4 años no le da ni de coña para pagarse una hipoteca? En cuanto ellos vuelvan tiene que desaparecer de casa. No hay vuelta atrás.

Hace sólo dos días, 48 horas, que han regresado, tras más de siete meses en otro continente. Poco le ha durado la apariencia de sanidad mental, la tranquilidad. No hay tiempo, ni tipo de vida que cambie a una persona. El regreso, pronto o tarde, será insoportable… si entonces hay alguien en esa casa cuando regrese después de pulir la tarjeta.
17/06/2004 10:52 ####. Tema: Literatura.

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