Érase una vez un avispero,
una bata blanca, un hospital.
Érase una vez un niño bueno
que nunca paraba de temblar.
Érase una vez una ventana;
unos ojos tristes de metal.
Érase una vez un par de agujas.
Ella se cansó de calcetar.
Era un biberón de golpes lleno.
Metro y medio de hiel sin edad.
Érase una ventana muy alta.
Lágrimas de barro al despertar.
Érase una vez un alma en vuelo,
que por fin paraba de temblar.