
Las madres tienen la extraña costumbre de reordenaro todo lo que ven. Aunque quizá sea sólo un hábito de mi familia. En fin, que ahora, que ya se han ido, y durante un par de semanas, estaré encontrando cosas en los lugares más peregrinos. Cuando por fin haya revertido el orden ajeno al mío, volverá de visita, y así, ad infinitum... En mi defensa añado que el problema no es que tengamos las cosas tiradas por el suelo, encima de las mesas y esas cosas, sino que no está al modo y manera de mi santa madre. Pondré un ejemplo. El otro día me volví loca buscando un cargador de móvil, que había dejado en un cajón -de mi habitación- con otros aparejos más o menos eléctricos (un movil y un despertador que no uso, los cascos, la grabadora). Decía que me harté de buscarlo... hasta que me rendí a la evidencia y pregunté. Mi madre había decidido que su lugar era el cajón de los cubiertos de la cocina. Del mismo modo, el pan de molde y un paquete de lentejas viven últimamente en la nevera y el producto de limpiar la vitrocerámica en el horno, mis bragas están en el cajón de los calcetines, los calcetines junto a mis jerseys, y las sábanas en el armario de los trapos. En fin, tan sólo quería dejar clara mi estupefacción... y saber si esta locura la sufre alguien más...