Retazos de consciencia

Se perdió intentando llegar a la feria de todos los sábados. Habrán cambiado la carretera. Otro día miró sus manos, y no las reconoció. Luego, mientras desayunaba, una mujer desconocida entró en la cocina de su casa. Ella le hablaba, le gritaba, y él, ofuscado, ni siquiera la comprendía. Se lo preguntó mientras caminaba de lado a lado del pasillo y dudaba de dónde había salido aquella puerta que, sin duda, nunca había estado allí. Y aquel armario horrendo que jamás había visto. ¿Y la ventana? ¿No estaba al otro lado?

De noche, salió a buscar el pan. Ya en medio de la carretera, se preguntó a dónde iba. Sin duda a por algo de leña. La mujer extraña le gritó desde la casa. Era hora de dormir. Absorto en sus dudas, incapaz de comprender, se acostó al lado de aquel cuerpo desconocido. Si ella está tan segura, será verdad que esta es mi cama. Horas más tarde, al amparo de la oscuridad, lloró como un niño. Aquella anciana era su mujer. La cama en que dormía, la misma que lo había acogido durante 50 años. Y claro, claro que la ventana, la puerta, y el armario estaban donde siempre.

Si hay algo peor que ser incapaz de interpretar el mundo que te rodea, es ser consciente de ello. Y a ratos, el lo era.
29/12/2003 10:41

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Alecto

El mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...

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