Trabajar, trabajar, trabajar...

Cada vez que comenzamos un trabajo somos aprendices nuevamente. Todo es nuevo, desconocido, una enormidad de rutinas que aprender lo más rápido posible, un ritmo que coger cuanto antes. Sentirse útil, notar que lo que haces se valora, ver huir tu tiempo libre, ese que permite que los pensamientos, ausencias, recuerdos, te acosen continuamente. Unos minutos antes de dormir desaparece la máscara, vuelven los pensamientos, vuelves tú. Ya no eres la máquina que aspira a perfecta que encarnas durante 8 horas al día -más bien respetadas-. El día parece desaparecer entre tus manos, fluir tranquilo, suave, sin sobresaltos.
21/10/2003 19:37

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El mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...

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