Un grito en la garganta

Hoy, esta noche, hace escasos minutos, en medio de la oscuridad, mirando desde la altura esta ciudad maldita, hice un descubrimiento: aún sé llorar. Tú estabas sentado. Yo, encogida en tus rodillas. Se me atrincheró en la garganta un dolor que era una súplica, “no quiero perderte, no me pidas que renuncie a ti”, y pronuncié un “te quiero”, mucho más corto, para no humillarme más de lo mínimamente necesario, para que no se me quebrara la voz, que estaba a punto de romper el dique de mis resistencias. No lo notaste. Quise suplicarte, rogarte, implorarte cualquier cosa; sólo pude decir, “te echaré mucho de menos”. Con la última palabra rodó una lágrima, pero no la viste. Tampoco pareciste notar como se me apagaba la voz. Aún preguntaste, “¿Cuándo?”. Como si no fuese tan, tan obvio. Como si no lo hubieras pensado todavía.
26/09/2003 10:40

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Alecto

El mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...

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