|
Libre Te besé aquella tarde casina y calurosa como si la vida se nos fuera en esos labios que se rozaban. Tus brazos se acercaron a mi cuerpo, temblorosos y ciegos. Me hablaste de nada y de todo, pero sé que dudaste. En la tarde de aquel día hermoso en que jugué a demorarme en conquistar un primer beso te surgían las palabras como agua de una fuente, pero aquel día no, las empujaste con la disciplina que da la angustia, el temor a que escapen las frases ocultas, temidas.En la tarde cálida y frustrante en que empecé a descubrir que huías de mí por instantes, que algo dormitaba en tu boca, escondían tus besos, tu calor, tu cuerpo, tus manos, tus labios… No eran míos, no solo. Tuyos y del aire, desconocidos a los que me aferré sin saber la causa. Son un cuerpo y una vida que empezaba a enamorarme sin saber apenas a quien pertenecían. El salitre te cubría y encendiste un cigarrillo con nerviosismo. Y otro, y un tercero, antes de mirar al suelo y al mar y a la arena y al cielo que te protege mientras liberabas, al fin, tu lengua trabada hasta entonces. Hablaste al fin, liberaste eso que te avergonzaba quizá por primera vez en ese instante, que tú decides, pero no compensa esos momentos de incertidumbre. Cuando osaste posar tus ojos en mi cara mi corazón se había ahuecado como un polluelo en un nido vacío. Me morí de angustia por unos instantes, y luego…se alejó el miedo. El mar acercaba finalmente jirones de realidad a la arena de mi capricho inconsciente. No eras mío, lo presentía mucho antes de recibir lo que trae la marea. Pero… ¿te quiero mío? Te quiero del aire que mueve las olas que nos arrullaban. Te quiero solitario y desconfiado como te mostraste a mi desde el primer instante; te quiero envejecido y afectuoso, desbordado de amor para dar, y guardarte; te quiero cuando silencioso te quedas mirando a la ventana y me aferro a tu cuerpo; te quiero cuando hablas como si hablaras con tu pecho, cuando me cuentas qué eres, como sientes, de qué oscuros temores o obsesiones te compones… Adoro cada jirón de ese cuerpo que adoro aunque no me pertenezca, porque no me pertenece. Te quiero cuando me dejas entrar a retazos en esa libertad que codicias. Podría amarte ahora, cuando sé que te robarás, me robarás tu presencia tantas veces, y te añoraré tanto tantas noches, tantas tardes, me faltas tantos amaneceres. Y me odio por saber que serás un cadáver más en este camino hacia la soledad que me construyo y te construyes. 11/09/2003 11:58 Comentarios » Ir a formulario |
AlectoEl mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...
Archivos
Enlaces |