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¿A dónde nos dirigimos? Un día, no hace mucho tiempo, entré en la farmacia. Mientras aguardaba a que me atendiesen asistí a una escena que se desarrollaba a mi derecha. Un chico joven, de unos diecisiete años, hablaba con el dueño, un hombre curtido por el tiempo, de edad indefinida, entre los 40 y los 60. El joven parecía extranjero. Llevaba grabada en sus rasgos la apariencia de un indígena sudamericano. Peruano, se me antojó. Los vaqueros, gastados y el jersey de lana gris, algo raído, excesivo para el calor de aquellos días. La expresión de ambos era de preocupación. Se escuchó claramente en el silencio de la farmacia llena de gente la conversación que mantenían en voz baja. - Échate esto a ver si te sirve de algo. pero si no se calma en unas horas vete inmediatamente a que te vea un médico. Esas cosas se desarrollan muy rápido….y son peligrosas.- el farmacéutico usaba su tono más didáctico, y hablaba como lo haríamos inconscientemente con un inglés o alguien que no pudiese entendernos, despacio, marcando cada palabra, gesticulando más de lo normal… Un silencio largo fue la respuesta. El hombre duda, y acaba por decir. - ¿Y por qué no te acercas ahora en un momento al ambulatorio, por urgencias? Es que yo...yo no soy médico. - el silencio reflejaba impotencia - Y esto es necesario que te lo vea un médico cuanto antes… El chico, aún en silencio, bajó la mirada. - No tienes seguro aquí.- afirmó, sin esperar, tampoco una respuesta, el dependiente. Él asintió con la cabeza. Los ojos bajos, con la vergüenza de quien sólo sabe que es culpable, aunque ignora el motivo. La cara de un niño al que se le riñe sin que entienda el motivo, pero acatando la culpa. El farmacéutico abrió la caja que le daba y leyó con cuidado el prospecto, con el gesto crispado por la preocupación. - Bueno, mira si se mejora algo con esto, y si en unas horas no va a menos, vuelve y miramos con alguna otra cosa. El chico sacó unos billetes arrugados para pagarle, y el dependiente, haciendo caso omiso, sin mirarlo, vino hacia mí mientras murmuraba: - Márchate a echarlo, anda, que no hay tiempo que perder. El chico se fue, apurado, y el dueño de la farmacia pareció más viejo por unos instantes. Se quedó quieto, mirándolo irse, con la frustración de no poder hacer más grabada en el rostro. Cuando ya me marchaba, el alma ocupada por tantas sensaciones, pensando que quizás era cómplice de un delito, admirada de que aún existan seres humanos, el hombre se dirigió al teléfono, y pude escuchar el inicio de otra conversación, a la que los demás clientes asistieron, al igual que a la anterior, impávidos: - ¿Con el médico de guardia, por favor?... No, era para resolver una duda, a ver qué posibilidades hay, o qué se podría hacer… Una sociedad que abandona a quienes la necesitan… Un pueblo que condena al ostracismo a aquellos que ayudan a levantarla… ¿a dónde se dirige? 03/09/2003 10:41 Comentarios » Ir a formulario
Te felicito, me he quedado inquieto sin saber que era lo que tenia aquel joven y ansioso por leer mas y eso que es el primer texto que leo dejame seguir y platicamos despues, :)
Fecha: 04/09/2003 22:23.
Pues ya somos dos con la misma duda...Yo tengo otra...¿Seguirá vivo?
Fecha: 05/09/2003 10:38.
Bien contado y un diálogo creíble. La solidaridad inmediata que he conocido como inmigrante, y que me hizo considerar que mi pueblo es allí donde hay seres humanos dignos de ese nombre.
Sólo hay un pequeño problema, que no ocurre con los textos de portada, sino cuando he empezado a leer los archivos antiguos: el texto ocupa más que el ancho de pantalla, y hay que darle a la flecha de abajo para poder leer todo el renglón. Uso Mozilla, pero no debe de ser por eso, porque es el que recomienda blogia. Saludos Fecha: 26/06/2006 16:17. |
AlectoEl mar va dejando jirones de realidad sobre la arena, y yo, voy recogiendo. Algo de poesía,mucha mala sangre y un lugar para las emociones algo más bellas...
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